Dos científicos sugieren que los objetos pueden volverse «invisibles»

Así lo afirman dos matemáticos, quienes acaban de difundir una investigación sobre el fenómeno de enmascaramiento o invisibilidad en la publicación británica Proceedings of the Royal Society.

Los científicos Nicolae Nicorovici y Graeme Milton sugieren que, al colocar ciertos objetos junto a un material llamado «superlente», es posible simular que estos se desvanezcan y desaparezcan del campo de visión sin dejar rastros.

El estudio se basa en el concepto de la «resonancia anómala localizada«, explican.

Sin embargo, los autores del estudio no han probado su teoría aún, sino que sólo han realizado los cálculos matemáticos que confirman, sobre el papel, que el concepto debería funcionar.

Construir un dispositivo de invisibilidad siguiendo estos principios es, sin duda, un desafío mayor.

La lógica del proceso se asemeja a la de un diapasón que emite sonidos con una única frecuencia. Si el diapasón se coloca cerca de una botella de vino, ésta comenzará a timbrar en la misma frecuencia, como consecuencia del efecto de resonancia.

El enmascaramiento o invisibilidad se basa en una noción de resonancia similar, aunque con ondas de luz, en lugar de sonoras.

Por cierto, el concepto se encuentra en una etapa temprana de desarrollo y los científicos sólo hablan de hacer desaparecer partículas de polvo, no naves espaciales. Al menos, por el momento.

La resonancia de las ondas lumínicas permite anular la dispersión de luz de una partícula de polvo, tornándola así invisible.

Para lograrlo, hace falta construir un «superlente»: un dispositivo basado en materiales especiales, recientemente descubiertos, que fuerzan a la luz a comportarse en modos no habituales.

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Punto de fuga

El académico Sir John Pendry, físico del Imperial College de Londres, es uno de los pioneros en el desarrollo de los superlentes.

«Si la partícula de polvo está lo suficientemente cerca, induce una respuesta agresiva en el material encargado de producir la invisibilidad. Éste, esencialmente, genera una reacción que actúa sobre la partícula de polvo, forzándola a que deje de brillar y así, deje de ser visible», explica Pendry.

«Y aunque la luz rebota sobre la partícula, el material de invisibilidad, colocado bien cerca, impide la difusión de las ondas lumínicas», agrega el científico.

Los autores de la investigación aseguran que la lógica de este fenómeno sirve para hacer desaparecer de la vista tanto una partícula de polvo como objetos más grandes y de estructura más compleja.

Admiten, sin embargo, que el efecto de invisibilidad sólo funciona con determinadas frecuencias de luz, lo que provoca que ciertos objetos colocados junto al material enmascarador sólo desaparezcan parcialmente.

«En el informe escrito, los científicos acotan que hay objetos con ciertas formas que no podrían volver invisible. Así es que, no, no es posible aplicar esta teoría a cualquier elemento», recalca Pendry.

«Sin embargo, es una idea muy interesante la de generar esta respuesta agresiva de un material enmascarador, para hacer que pequeñas partículas dejen de refractar o emitir luz», concluye el físico.