
La hora azul comienza a contar aproximadamente 30 minutos antes de que el Sol se oculte, y otros 30 minutos después de que se ha ocultado por completo. Durante este intervalo de tiempo los colores que podremos observar en el cielo serán muy variados, pero si tenemos suerte, osea, si nos toca un cielo despejado, podremos observar un cielo con un azul bastante fuerte, que adornará y servirá muy bien para nuestras fotografías nocturnas.
Con ese tipo de cielo podremos contrastar los elementos que aparezcan en nuestras capturas, como pueden ser edificios, monumentos, personas, o cualquier cosa que esté al alcance de nuestra lente. Pero eso sí, no olvides que con poca luz hará falta una superficie que no se mueva, o bien, un trípode donde colocar la cámara. Para así poder aumentar el tiempo de obturación sin temor a que la fotografía salga movida por nuestra falta de pulso de cirujano.





Así pues, el obturador es uno de los elementos de nuestra cámara cuyo comportamiento podemos ajustar y adaptar según nuestras necesidades. Quizá la palabra por sí misma no nos diga mucho, pero se trata de un mecanismo muy simple, cuya única misión en la vida es: Mientras no se presione el botón para tomar la foto, se mantendrá en su lugar evitando que la luz llegue hasta el sensor, más cuando presionamos el botón, el obturador se moverá de su lugar, dejando paso a la luz para que esta llegue al sensor.
